El Blog de Pablo Padula


Matematicas del Amor

Posteado en Mis columnas por ppadula el January 11th, 2008

Un simple cálculo: más del 50% de las personas que se casan se divorcian.
De la mitad restante el 33% son infelices; de los que quedan el 50% están juntos por los hijos o alguna otra razón que no tiene nada que ver con el corazón y el resto pueden considerarse afortunados porque encontraron a su otra mitad.
Eso si, todos, absolutamente todos, tienen una definición diferente de lo que es el amor.

Un día hace mucho tiempo, haciendo uso de mi habitual sarcasmo pero lejos de ser una amenaza, le dije a mi ahora ex esposa que cuando cumpliera los 40 la cambiaria por 2 de 20.

Me equivoque, y por bastante.

• No fueron dos de 20 sino una de 21 (aunque algunas veces me deja tener 2).
• Ella no tenía 40 cuando nos separamos sino 37.
• No la cambie por otra mujer, mucho menos por 2. Primero deje de quererla, luego conocí a la de 21.

Lo más irónico es que, hasta conocer a mi actual pareja, una hermosa barranquillera nacida en 1984 (soy del 63), yo era de los que pensaba que con una mujer tan joven solo se podía tener fantasioso sexo desprovisto de emociones o sentimientos. Y tampoco tanto, porque que del tema ellas suelen saber poco, al menos para mi gusto, mayormente por culpa de hombres que las usan como muñecas inflables hasta que alguien sabio, muchos años mas tarde, se toma el trabajito de explicarles como se hace y de la existencia del “orgasmo”.

Por eso imagínense mi sorpresa cuando me di cuenta que estaba bobamente enamorado de alguien 22 años menor que yo, con 800 millas de separacion, con quien tenia casi absolutamente nada en común, excepto un poderoso deseo de cambiar el olor putrefacto de nuestras realidades.

Y fue precisamente eso, el haber descubierto la razón que aun nos mantiene unidos, lo que me hizo replantear ferozmente uno de los misterios mas profundos y antiguos de la naturaleza humana: la fuerza que une a las parejas, conocida como “el amor”, no es un equilibrio que se logra a partir de dos seres que se unen, sino que solo es posible cuando no se necesita del otro para ser feliz.

Confuso, no? Ya lo entenderán mejor cuando termine de contarles mi historia.

Esta era nuestra situación cuando nos conocimos:

• Ella vivía con sus padres en una casa vacía donde no pasaba nada bueno.
• Yo vivía con mi ex en una relación vacía donde tampoco había mucho que hacer, excepto por mis hermosos hijos que no podían hacer nada para evitar la hecatombe.
• Sus expectativas de un futuro mejor por falta de recursos económicos eran casi nulas.
• Mis expectativas de encontrar la felicidad a los 40, en camino a un divorcio, frustrado por años de negligencia conyugal y con 2 hijos, no parecían muy reales.

Pero una fuerza mas poderosa que la propia razón se apodero de mi vida y todo cambio.

Si les dijera que encontré la formula de la felicidad seguro que todos se reirían de mi ingenuidad. Por eso no lo voy a decir: solo me atrevo a plantear una hipótesis para su consideración:

Que tal si les digo que esta nueva etapa que estoy viviendo comienza a partir de mi propio proceso evolutivo y no es producto de que Jhorna se cruzo por mi camino?

Muchos dicen: “conocí a esta persona que me cambio la vida”. Sin duda es una frase que puede, tranquilamente, describir una situación real. Pero lo que aprendí en los últimos años es que para que esas palabras sean reales ese cambio tiene que haber empezado a nosotros mucho tiempo antes.

Me explico: cuando los cambios se producen a partir de alguien que ingresa a nuestras vidas es muy (demasiado) probable que lo que estemos haciendo es pidiendo prestado un disfraz nuevo y sonriente que reemplace al arrugado y triste que tenemos puesto. En otras palabras, es felicidad prestada, no de la autentica, esa que crece en los prados fértiles de nuestros corazones.

Tomen mi ejemplo: poco antes de que me separara de mi ex esposa me di cuenta que una de las cosas que mas me frustraba era mi apariencia física. Tenia al menos 25 libras de mas, mi cara parecía la versión con bigotes de Mr. Potato Head, me vestía como el bisabuelo de mi bisabuelo y había encontrado en el cigarrillo (una vez mas) una fuente de satisfacción seudo masoquista que al menos me daba uno de los pocos placeres que podia darme el lujo de gozar.

Todo eso cambio cuando esta belleza colombiana se cruzo en mi camino.

Hoy, y que conste que no les estoy contando el final de la película antes de tiempo, peso 25 libras menos, mi apariencia física es mi motivo de orgullo, el bigote es historia y deje de fumar hace mas de un año.

La evolución que me trajo a este lugar donde hoy hábito comenzó no a partir de mi nueva relación sino de un convencimiento intimo, personal y espiritual de que para encontrar la felicidad es necesario enamorarse de uno mismo.

Todos tenemos ese derecho pero pocos lo ejercen. La felicidad que depende de otra persona es como vivir pendiente del precio de las acciones en la bolsa de valores. Un día estamos eufóricos, otro día nos queremos matar. En un momento estamos eufóricos viendo el futuro lleno de lujos y sin necesidades, poco después nos imaginamos viviendo en una casilla de lodo al borde de una autopista.

No me malentiendan, si se puede ser feliz de a dos, no digo que no, el amor es una fuerza extremadamente poderosa, tal vez la mas importante de todas. Solo trato de explicar que aquellos que viven dependientes de sus parejas para estar bien están condenados a viajar en una montaña rusa colmada de incertidumbre, donde la otra persona decide como nos vamos a sentir ese día.

El secreto de la felicidad reside en cada uno de nosotros, no lo busquemos afuera. Es primordial conocernos a nosotros mismos, ser honestos para adentro (los que afuera pueden esperar) tener una conversación sincera con la persona que muchas veces le ocultamos al mundo exterior para que no nos hagan daño y lograr acuerdos estratégicos.

¿Hay algo que no te gusta de ti, que quisieras cambiar? ¿Tienes ganas de hacer o decir algo importante pero no te atreves por temor o miedo al ridículo?

Hagamos un ejercicio simple: toma un papel y un lápiz y escribe todas las cosas que te gustarían para tu vida y léelas varias veces. En la cara posterior de la hoja escribe los números del 1 al 10, uno debajo del otro, y al lado de cada número pon, por orden de importancia, las 10 cosas que quieras que fueran diferentes en tu vida. Comenzando de abajo hacia arriba, o sea por la décima primero, empieza tu evolución ya mismo.

En este viaje no puede haber excusas, y mucho menos culpas ajenas. Este es un proceso de transformación íntimo y en donde no debes darle explicación a nadie. Si fallas es tu propia responsabilidad, nadie debe saber que lo haces, porque lo haces o como lo haces. El cambio que se producirá en ti cuando logres uno a uno tus objetivos va a ser tu triunfo personal porque aquí no compites contra nadie. Ademas es imposible ganarse a si mismo porque para eso se necesitan dos.

Regresando a mi historia personal no quiero que piensen que vivo en un limbo color de rosa porque no es así. Es imposible aislarse de los problemas cotidianos. Lo que si puedo asegurarles es que cuanto mas conformes estemos con nuestra propia realidad las posibilidades de vivir el verdadero amor aumentan enormemente.

Muchas personas con las que hablo a través de mi página de astrología manifiestan el mismo problema: no son felices con su pareja o no encuentran a la persona ideal. Al poco tiempo de hablar con ellas (en su mayoría las que consultan son mujeres) llego a un lugar común: todas se encuentran en un lugar vulnerable porque buscan a alguien que les llene sus huecos (sin connotación sexual, por favor), sus vacíos, porque no son capaces de ser felices sin alguien a su lado.

Aquel que logra ser feliz consigo mismo disfruta tanto de su soledad como de los momentos en pareja.

Les cuento alguna de las cosas que yo hago para sentirme bien conmigo mismo: siempre que tengo oportunidad ayudo a alguien que lo necesita. La compasión y el amor por el prójimo son alimentos importantes del alma. Primero pienso en lo que necesitan los seres que me rodean antes de pensar en mis propios intereses. He descubierto, y me imagino que esto no sorprenderá a nadie, que el dinero no es la base de nada, sino un medio para todo. El que dice que para ser feliz hay que tener plata en el banco es un ingenuo que olvida algo muy importante: la felicidad no es un bien material, no existen negocios donde se pueda comprar, por lo tanto esa premisa es falsa.

Si quieren conversar sobre este tema, enviarme críticas, insultarme o simplemente para que lo siga desarrollándolo mas profundamente los invito a que dejen sus comentarios aqui en mi blog.

Un saludo cordial para todos

Pablo Padula